martes, 2 de diciembre de 2025

Momentos mágicos

Si hay algo que Mariana disfruta realizar cuando llega la primavera es atender su pequeño jardín, que el invierno generalmente deteriora.  Como todos los años, al revisar sus geranios, clavelinas, pensamientos y otras flores, vuelve a encontrarse con la desagradable maleza que se empeña en aparecer y competir por el espacio por donde menos se espera.  Los pensamientos y clavelinas tímidamente anuncian florecer, pero hay que eliminar el pasto, los dientes de león y otras malezas que, con total desfachatez, pretenden opacarlas.  

Como el día está agradable y con una suave brisa, ha decidido que es el momento de iniciar esa batalla. 

Busca en la bodega las herramientas necesarias y a su viejo cojín, para trabajar de rodillas.  Así, es más cómodo para ella.  Lo hará como siempre: iniciando la limpieza de sur a norte y arrancando de raíz las especies invasoras. 

Estaba hincada, sentada sobre sus talones, con el extractor de maleza en la mano, cuando apareció una mariposa que voló y se posó frente a ella, sobre una planta de geranio, a un metro de distancia.

Nunca había estado así, tan cerca, frente a una mariposa, casi a la misma altura.  La mariposa la miraba sin moverse, con sus grandes ojitos oscuros.  Mariana se quedó quieta.  Pasaban los segundos y la mariposa seguía allí sin dejar de observarla.  Era una mariposa de tamaño mediano, de color amarillo pálido, con algunas pintas azuladas en sus alas.

Mariana recordó entonces que el ciclo de vida de esas hermosas especies es breve.  Viven, en promedio, no más de un mes. Y por alguna razón que ella no se explica, pensó que la mariposa quería dejar sus huevos, que estaba herida o que buscaba un refugio para morir.  Esa idea le hizo sentido, ya que seguía mirándola sin moverse.  Mariana también estaba inmóvil pero empezaba a inquietarse por la persistente mirada.  Observó un tenue movimiento de sus antenas pero sin sacar su espiritrompa, porque el geranio no había florecido aún y no había néctar que succionar.  Las alas, antenas y sus patas delanteras parecían estar sanas, pero en la posición en que estaba, no era posible ver las traseras.

La escena era alucinante.  Se había detenido el tiempo.  La mariposa y Mariana se miraban con curiosidad y sin mover un músculo, si es que las mariposas los tienen.  Como la imaginación de Mariana es creativa y prolifera en fantasías, consideró pertinente comunicarse con ella y saber qué le ocurría.  Si su gata Sofía, que era tan inteligente y entendía todo lo que ella le contaba, y en ocasiones hasta le respondía, era probable que la mariposa también lo hiciera.  Comenzó hablándole a la mariposa en modo mudo, pero sin gesticular para no asustarla.  Más bien, en modo telepático.  

Le dijo que si era una mariposa hembra y buscaba una planta adecuada para dejar sus huevos, ese era un buen lugar.  Es probable que las hojas del geranio sean buenas hospederas, y que el ciclo de reproducción tan singular con etapas de huevo, oruga, crisálida y mariposa se cumpla exitosamente.  Tendrás una prolífera descendencia y me sentiré orgullosa que hayas elegido mi jardín.  Seré feliz cuando el proceso termine y vea a tus hijas despegar a nuevos horizontes.

Pero si estás herida, no puedo ayudarte.  No tengo los conocimientos para aquello.  Te puedes quedar aquí, estarás tranquila sin que nadie te moleste hasta que te recuperes.  Sólo debes resistir un día más, porque las clavelinas empezarán a florecer y tendrás alimento.

Si por el contrario, como ocurre con otras especies que eligen un lugar dónde morir, has llegado para fallecer aquí, te recogeré cuidadosamente y te colocaré en una cajita de vidrio que enterraré junto a mis difuntas mascotas, con rosas sobre tu tumba.  Te lo mereces.  No tan sólo nos alegras con tu belleza y encanto, sino que te encargas de polinizar las plantas.  Te haré una sentida ceremonia porque perteneces a una de las especies más bellas del universo que Dios creó.  Conocí a gran parte de tu familia cuando visité el mariposario en el parque de las aves en Foz de Iguazú.  Allí pude observar la gran variedad de familias y subfamilias de mariposas, de diferentes tamaños y llamativos y fascinantes colores.  Mariposas azules, rojizas, anaranjadas, de alas pequeñas y otras de alas muy grandes.  También, a la conocida mariposa 88.  Una belleza.

A esta altura del monólogo -porque no recibía respuestas de ella- la mariposa seguía allí, imperturbable, estática y sin dejar de mirarla.  ¿Cómo me verá?, se preguntaba Mariana. ¿Será como me veo en el espejo?  

Mariana también la observaba con detalle, y pensaba que por su quietud y esa mirada, como de súplica, era probable que hubiese llegado para morir.  Sin embargo, no sabía distinguir a una mariposa por su edad, pero creía que era una vieja mariposa -de un mes de vida- a quien ya no le quedaba energía para moverse ni para volar.  Pensó que un ciclo de vida tan breve para una especie tan bonita, benigna y necesaria, era injusto.  Dios se equivocó.  ¿Cómo pudo concederle a tan bella mariposa sólo semanas de vida, y más de cincuenta años a un feo e intimidante cocodrilo?   

Se acordó de sus días de escuela primaria cuando, sin conciencia alguna, persiguió y cazó mariposas buscando seleccionar la más bonita, para presumir con la tarea de un insectario.  Y de aquella vez, cuando le dieron a elegir un disfraz entre perros, gatos, leones u otros, y ella eligió disfrazarse de mariposa para un acto del colegio.  Fue la primera vez que tuvo sentimientos encontrados: plenamente feliz volando, con otras compañeras también disfrazadas de mariposa, de un extremo a otro del gimnasio, y también triste porque le dio a su madre una complicada tarea.  Para confeccionar las alas, su madre tuvo que pedir ayuda a su marido.  No podía moldear el alambre.  Después de varios intentos y moldes de cartón lo lograron.  Las  forró con tela de tul color rosado y las bordó con puntos azules.  Una semana de labor, de ensayo y error, para treinta minutos de acción.  La recompensa: ver a su hija feliz.

La mariposa seguía allí, escuchando o recibiendo tranquilamente el relato, que al escribirlo es algo largo, pero pensado y transmitido telepáticamente es muy breve.  ¿Qué pensará ella? se preguntó.  Porque deben tener pensamiento.  Si deciden volar ya sea al norte, a otro jardín, o elegir entre una flor u otra, es porque tienen conciencia de vida y supervivencia.  En una cabeza tan pequeñita, ¿habrá cerebro con neuronas? ¿Tendrán sentimientos? ¿Sufrirán dolor?  ¡Qué misteriosa es la creación!.  

Como Mariana ya estaba acalambrándose, en la posición de rodillas, se movió lentamente para acomodarse.  Ante aquel cuidadoso movimiento la mariposa, que seguía mirándola, se repuso y emprendió el vuelo.  Pasó por sobre su cabeza, hizo unas piruetas graciosas de medio círculo y desapareció.  Sólo estaba descansando.  ¿Quién sabe a dónde se dirige?  No lo dijo.   

Mariana nunca sabrá por qué llegó una mariposa a su jardín y se quedó acompañándola.  Sus habilidades telepáticas sólo funcionan con Sofía: que una sola mirada la detiene frente a una maldad.  Sospecha que la mariposa le trajo un mensaje espiritual que sus atrofiadas capacidades extrasensoriales no logran descifrar aún, pero que el tiempo pronto develará.  

Todo sucedió como si la naturaleza hubiese elegido el momento perfecto para que una bella mariposa apareciera en su jardín y la saludara y alegrara su espíritu.   

Las flores, en general, con su hermosura, colores y fragancia, ya sea que se cultiven en jardines grandes, pequeños o en macetas, contribuyen al bienestar emocional, al disfrute visual y al regocijo del alma de las personas, pero también a la supervivencia de otras especies.    

No hay duda que Mariana vivió, un momento mágico!.